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La conducción de una moto y comprometerse a dominarla

Mientras conduces raramente vas a pensar en otra cosa

La conducción de una moto y comprometerse a dominarla es una actividad que per sé, no sólo incorpora el deseo inherente de acceder a velocidades más rápidas durante un viaje, o la descarga de adrenalina que ocurre justo cuando encuentras la línea perfecta a través de las curvas. Involucra también el máximo de tu atención y un 100% de tu capacidad mental Mientras la conduces raramente vas a pensar en otra cosa. Puedes soportar el hambre, la sed, el calor, la natural fatiga del cuerpo por mucho más tiempo que en otras actividades, puesto que simplemente estas más atento a tus reacciones. Sentado en coche, casi como por acto reflejo, enciendes la radio a manera de luchar contra el aburrimiento de un atasco vehicular. No podrías hacer lo mismo – al menos, no al principio- cuando conduces una moto, es demasiado distractivo. Sin embargo, en un punto entre  tu concentración con la moto y la atención a tu entorno, los demás problemas de la vida cotidiana parecieran desvanecerse. Las preocupaciones te abandonan por el tiempo en el que dedicas tu entera atención a cada maniobra que realizas y tardan otro tiempo más en volver después de haber apagado el motor. Una moto es una maquina poderosa. Un ligero movimiento de la muñeca y alcanzarás en un suspiro, un punto que parecía distante en el horizonte. Cada coche que dejas atrás, cada giro del acelerador pueden traducirse en emociones viscerales que sólo con el tiempo llegamos a comprender. Una vez que los aceptamos, otro mundo se abre ante nuestros ojos.

Desde luego, apreciarás que esos instantes preciosos fueron liberadores para tu espíritu. No estuviste conduciendo una máquina, estuviste volando a través del espacio. Es una sensación que nunca dejará de sorprenderte.

No en vano se dice que cuatro ruedas pueden mover el cuerpo; dos ruedas, el alma.

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